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La Coctelera

13 Agosto 2009

según se tañen, así vibran.

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12 Agosto 2009

vivan los calvos

Anoche sin quererlo ni beberlo recorrimos con el cuerpo en S las accidentadas calles de mi barrio laboral. Es curioso recordar todos esos sitios extraños en los que uno acaba durmiendo a veces. Miras la tela que forra las paredes y piensas en cómo has llegado hasta ahí y que hace ese vaso en la mesa. Estos días he tenido visita de una pobre granaína. Me imagino que habrá pensado algo parecido cuando se ha despertado esta mañana en casa de Quien Bien Me Quiere y ha visto esas cortinas celestes. Esta chica se supone que está triste pero nadie lo diría por el color de sus brazos.  Aunque nuestro amigo Calvente ayudara lo suyo, por fin la he visto reirse como siempre. Y todo eso bien merece la resaca de hoy*

*post escrito a una velocidad de palabra por minuto.

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9 Agosto 2009

y ver para siempre

Este verano estoy aprendiendo muchas cosas, entre ellas a hacer el muerto.

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7 Agosto 2009

qué hambre

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5 Agosto 2009

un día de estos

En mi casa vive un hombre. Está metido en una habitación. Antes era un cuarto de baño dentro del dormitorio y espero que, de alguna forma, aún lo siga siendo. Pero es imposible comprobarlo. Intentar pensar que metí primero o  cómo llegamos a esta situación es inútil. Ya lo he intentado pero no consigo nada más que contradecirme continuamente y desear meter más bolsas ahí dentro con ese señor. Bolsas ¿con qué? Con lo que sea. El otro día vi una bola del árbol de navidad dando bandazos cerca de la ventana...

No sé porqué pero esta tarde me he puesto de pie y he ido a comprarme un ventilador. Ya sé que a veces refresca y parece que va a dejar de hacer calor pero no. No es verdad. Así que he mirado el reloj y he visto que eran las 8 y 5 y que ya iban a cerrar, he bajado corriendo las escaleras, he entrado en una tienda y me he comprado un ventilador. Como no tenían caja me lo he llevado en la mano así que he ido un buen trecho caminando entre las obras de mi pueblo con el cacharro en brazos. Luego he entrado en el portal y me he cruzado con una señora mayor que todas las tardes se sienta en la acera a ver pasar la gente. En una silla. No estoy segura pero me imagino que antes vivía en una casa de pueblo y no se acostumbra a estar metida en un piso. La primera vez que me subí con ella en el ascensor miraba alucinada las teclas y luego a mí como deseando que le dijera cualquier cosa.

Me he cruzado con la abuela y ha mirado el ventilador. Después me ha preguntado por el precio y que si lo he comprado en los negros. Le he dicho que son chinos, pero que no, que ahí no. Que calor, verdad? Uf, sí, que calor. Buenas tardes. Adiós, adiós.

He entrado en casa y al enchufarlo en mi cuarto y sentir el airecillo moverse de un lado a otro, de un lado a otro, algo particular me ha pasado en la cabeza. Vete a saber qué. Me he asomado con mucho cuidadito a la habitación del hombre, le he saludado de lejos y me he fijado en un par de cosas que me sonaban de algo.

Y hoy he sacado:

- Un par de chanclas de Brasil

- Camisetas raras pero bonitas

- ropa muy fea

- un farolillo verde

- Una bolsa negra llena de cables

- bolsas dentro de bolsas

- Tres o cuatro mochilas

- Un jersey que me hizo mi madre con el cuello ancho y las mangas muy cortas

- Unos cinco guantes todos diferentes

- Una bolsa con libros que no puedo ni nombrar

Al salir me ha parecido ver el borde del bidé y me he emocionado. Pero luego he tenido que volver a meter algunas cosas de nuevo de forma provisional hasta que, un dia de estos, encuentre un nuevo sitio para ellas y entonces todo cuadrará y el hombre podrá salir de su encierro y hacer una vida normal.

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5 Agosto 2009

diga 133

Estaba escuchando a mi Genio Barrigón leer la página 133 del libro de La Coctelera con su voz de niño bueno y esa risilla que me pone tonta y he recordado que a mi esto del blog me gustaba bastante. Era fácil, verdad? Así que he dado un par de vueltas y aquí estoy.

Hace tiempo leí un chiste en un libro de esos que vendo. En la ilustración, un montón de pobres obreros vomitaban sobre la cubierta de un barco. Uno de ellos se apoya en la barandilla con calma y se fuma un cigarrito. Se le acerca un señor con chistera y le pregunta: y tú, por qué no vomitas? y el le contesta: Pa qué.

Cada vez que abro el blog a ver que pasa pienso lo mismo, Que pa qué. Y me digo, pues pa ná. Y en eso queda todo.

Pero que digo yo que por algo será.

...por un tomate, por un pimiento...

(voy a cenar y ahora vuelvo, así en plan directo y tal)

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27 Mayo 2009

Con helicóptero y sin dios.

Cuantas amistades se pierden por no tener branquias

Henri Michaux

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Así que Santa Rita tenía una espina clavada en la frente que olía mal y le procuraba terribles sufrires. Ella lo aceptó, santa y devota, pero sus pensamientos nunca volvieron a ser suaves y frescos como la mañana de Casia. Por pura mímesis, lo de la espina puede ser una buena explicación para mi dolor de cabeza. Aquello de la alergia infinita ya no me consuela. Empiezo a pensar que Dios quiere algo de mi. 

Mientras pensaba en estas cosas esta mañana en el trabajo, fichaba con gran esfuerzo un libro de Benedetti y me acordaba del montón de factoides y cosas dispersas que he leído en estos días sobre el poeta. Como ya no pienso sobre libros y su entorno, he recordado una visita reciente a Madrid. En la mesa de una amiga encontré un libro del uruguayo cuyo título no recuerdo y debí arrugar la nariz porque me explicó al momento que a ella le servía, que se sentía acompañada y que Don Mario le parecía un señor de ochenta años hablando de su pasado con la conciencia de que por delante, el futuro, para él no se desligaba de la presencia de la muerte. Y lo aceptaba con una especie de humildad y sinceridad que a ella, personalmente, le gustaba y la hacía sentirse mejor.

Ella me lo explicó mucho mejor y más sencillo, pero ya sabemos cómo me gustan las ramas. 

Eso me ha llevado a pensar en uno de los blogs con los que más me divierto. El sindicato del mono degollado. Ha habido días en los que me han dado ganas de abrazar al tal Alber por descubrirme poetas extrañísimos, inquietantes y divertidos. También lo abrazaría por saber decir con gracia y descaro cosas sobre poetas con mucho morro y poco pensar que contaminan los mares y hacen que cada día cueste más encontrar algo en las librerías que realmente conmueva o sorprenda o todo a la vez. Poco pez entre tanta chatarra. Peces que parecen cacerolas y viceversa. Este hombre se ha metido en un tremendo berenjenal por criticar la obra de Benedetti en su obituario, aquí. 

Yo podría compartir bastantes cosas con este mono, si me pusiera a pensar. Pero claro, después de sacar el machete contra los poemas de Benedetti una punzada de culpa me recorrería el espinazo porque hay algo que es cierto y que no puedo negar y es que cuando era pequeña me colaba a escondidas en el cuarto de mi hermana para leer poemas de un libro con flores rosas que tenía encima de la mesita de noche. Uf, y no era tan pequeña, cuando le pedí con la boca chica a mi prima que me regalara el mismo libro por mi cumpleaños. Ese libro rosa, que venía con un CD, ocupa ahora el primer lugar en la estanteria de poesía de mi casa. Que es la más llena, sin duda.  

Así que de criticar a Benedetti, lo haría con un terrible dolor de estómago y Dios me libre.

Por otra parte, tampoco puedo enternecerme y recordarlo con nostalgia porque probablemente sus poemas tengan la culpa de todos aquellos otros versos míos llenos de dulzor uruguayo que escribí durante los años siguientes y que ahora me avergüenzan. Lo que quiero decir es que este hombre era entrañable, a todos caía bien y durante toda su vida trató de acercar la poesía al pueblo. Pero me pregunto si no es mejor que ciertas cosas permanezcan en su sitio y seamos nosotros quienes movamos el culo para entenderlas o terminaremos pensando que usted puede contar conmigo y que los de Fama bailan bien, por un poner. No sé, No sé, Yo disfruté mucho leyéndo aquel libro pero también escuchaba a héroes del silencio y veía telefilmes de danielle steel (que bien me lo pasaba).

Igual todo se debe a eso.

Después de colocar el libro de Benedetti en el escaparate, en sitio bien visible, claro, me iba a poner a pensar en ello pero me ha durado poco porque al fin y al cabo, en el fondo a mi me da igual, ni siquiera me gustan los libros - Tienen mucho polvo y huelen mal - Así que he vuelto a mi sitio a seguir ordenando montones, imaginandome que eran latas de atún, claro, por no sufrir. 

Y en esas me encuentro. Disculpad la retahila y la poca claridad pero hoy me ha dado por ahí. 

 

 

 

 

 

 

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27 Mayo 2009

Teoría de la oKupación

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